Un nene de 12 años corriendo descalzo por el desierto de Utah fue la imagen que terminó derrumbando una fachada de éxito, disciplina y “buenas prácticas” parentales. Su huida desesperada permitió descubrir una trama de violencia sistemática detrás de dos figuras públicas que se presentaban como referentes de la crianza consciente: la terapeuta Jodi Hildebrandt y la youtuber Ruby Franke.
El hecho ocurrió en agosto de 2023, en Ivins, una pequeña ciudad del estado norteamericano de Utah. El chico logró escapar por una ventana de la casa de Hildebrandt y pidió ayuda en la vivienda de un vecino, que de inmediato llamó a la policía. Presentaba signos claros de desnutrición, heridas abiertas y las extremidades envueltas con cinta adhesiva. Poco después, la policía rescató también a su hermana de 10 años, que se encontraba escondida dentro de un placard, rapada, en estado de shock y con bajo peso extremo.
La investigación reveló que los menores habían sido sometidos durante meses a castigos físicos y psicológicos bajo una lógica de “corrección espiritual”. La casa de Hildebrandt tenía en el sótano una habitación con sogas, esposas y elementos utilizados para inmovilizar a los chicos. Además, se encontraron escritos de Ruby Franke donde detallaba los castigos como si fueran actos de amor.
Hildebrandt era una terapeuta influyente en la comunidad mormona, fundadora del programa ConneXions, que promovía vivir “en la verdad”. Franke, en tanto, había ganado notoriedad con su canal de YouTube “8 Passengers”, donde mostraba la vida cotidiana con sus seis hijos ante millones de seguidores. Con el tiempo, ambas unieron fuerzas y transformaron ese contenido en “Moms of Truth”, desde donde difundían una crianza basada en la obediencia absoluta.
Lo que parecía orientación se convirtió en un sistema de control, aislamiento y violencia. Kevin Franke, el padre, fue desplazado del hogar, mientras Ruby se sometía cada vez más a la influencia de Hildebrandt. Los castigos pasaron de tareas físicas extenuantes a prácticas crueles: horas bajo el sol sin agua, privación de comida, inmovilizaciones y lesiones deliberadas.
El caso llegó a juicio y en febrero de 2024 ambas mujeres se declararon culpables de múltiples cargos por abuso infantil agravado. La Justicia de Utah las condenó a cuatro penas consecutivas de entre 1 y 15 años de prisión cada una. El fiscal sostuvo que los niños vivían en un entorno comparable a un “campo de concentración”.
Hoy, los menores están bajo el cuidado exclusivo de su padre. La historia fue reconstruida en el documental de Netflix La influencer siniestra, que expone cómo la cultura de las redes sociales, la autoridad sin control y el discurso espiritual pueden volverse una combinación peligrosa cuando se pierden los límites.
El caso dejó una advertencia clara: detrás de la imagen perfecta, también puede esconderse el horror.